martes, 19 de marzo de 2013

¿Ganamos más dinero porque estamos satisfechos con nuestro trabajo o estamos más satisfechos porque ganamos más dinero?.



En un estudio longitudinal en el que participó el auto de este blog, se analizaron las relaciones entre diferentes predictores, como la inteligencia emocional y factores de personalidad e indicadores del éxito en la carrera profesional como el salario y la satisfacción con la carrera.

El análisis realizado de las relaciones entre las variables, para una muestra final de más de 100 egresados universitarios, para el que se utilizaron modelos de ecuaciones estructurales (SEM), mostró que el salario influye en la satisfacción con la carrera profesional y no al revés.

Si estos resultados se replican en otros estudios similares, habrá que replantearse algunos de los conceptos que tenemos asumidos sobre la motivación en las organizaciones, pero mientras esperamos conviene que nos preguntemos por qué trabajamos y cual es nuestro nivel de satisfacción. La respuesta puede que nos acerque a la compresión de este complicado problema.

martes, 12 de febrero de 2013

¿Son los líderes más inteligentes?.




La relación entre inteligencia y liderazgo es más baja de lo que creemos.

Un reciente estudio meta-analítico (Judge et al., 2002), reveló que la extraversión y la responsabilidad tenían mayor relación con el liderazgo que la inteligencia, lo que sugiere que seleccionar lideres ateniendose a las características de personalidad es mejor que si lo hacemos por su inteligencia.

Sin embargo, el nivel de estrés del líder modera la relación del liderazgo con la inteligencia.

En situaciones de tensión (Fiedler & Link, 1991), la relación entre la inteligencia y el liderazgo es alta pero solo cuando el estrés es bajo. Es por tanto más importante seleccionar y colocar a lideres inteligentes en puestos en donde el nivel de estrés es bajo. En esos casos, la validez de la inteligencia puede ser sustancial (Judge, Colber & Ilies, 2004).

El psicólogo norteamericano Robert Sternberg autor de la inteligencia exitosa (2007), piensa que el liderazgo efectivo, es una mezcla de sabiduría, creatividad e inteligencia. Uno, necesita creatividad para generar ideas, inteligencia analítica para evaluar si son buenas e inteligencia práctica para implementarlas y persuadir a otros de su valor.

¿En donde cree que necesita mejorar para obtener el éxito como líder?.


lunes, 21 de enero de 2013

PRAGMASOFÍA: Productividad con fundamento.





La productividad personal y del equipo (productivy-team) es el eje de los resultados que nos conduce al éxito profesional.

La esencia de la productividad es actuar, pero para garantizar la eficacia rentable de nuestras acciones (eficancia), es necesario reflexionar. Pensar antes de actuar, constituye el fundamento de la acción altamente productiva, es el aceite que engrasa la acción con el resultado. Pre-actuar, pro-actuar y co-actuar son los componentes de la acción productiva.

Para no olvidar esta importante fase previa a la acción proponemos una lista de chequeo, que constituye la esencia de una nueva disciplina ejecutiva: la pragmasofía (productividad con fundamento), uno de cuyos principios básicos es que no podemos gestionar el tiempo, solo lo que hacemos con las tareas. Por ello deberíamos cuestionarnos críticamente lo que hacemos y plantearnos preguntas disruptivas como las que siguen:

1.    ¿Es algo esencial o puede esperar? (no olvides la regla 20/80).

2.    ¿Puedes simplificar, abreviar o reducir algo?.

3.    ¿Lo puedes hacer/organizar de otra manera? (flexibilidad/innovación)

4.    ¿Necesitas compartir/comunicar algo con alguien para poder llevarlo a cabo?. (asertividad)

5.    ¿Puedes delegar aunque sea horizontalmente?

6.    ¿Puedes utilizar recursos invisibles (alternativos)?.

7.    ¿Hay algo que puedas automatizar (utilizando alguna tecnología)?. (Crea tu propios hábitos).

8.    ¿Tienes el estado de ánimo adecuado para actuar?. (humor positivo).

9.    ¿Tienes la energía suficiente para poder abarcar el proyecto/tarea en su totalidad y persistir?. (alimentación, forma física, descanso).

10.                  ¿Qué esperas para actuar?. (No procrastines).


Recuerda, comienza por tragarte el sapo más gordo pero mira antes también que no sea solo el más grasiento…

viernes, 7 de diciembre de 2012

¿Por qué no conseguimos nuestros planes?.


Recuerde un aspecto importante en su vida que haya tenido que cambiar. ¿Cuál de las siguiente estrategias ha utilizado?:

1.Hacer un plan detallado
2.Motivarme concentrándome en alguien a quien admiro
3.Contar mis objetivos a otras personas
4.Pensar en las cosas malas que sucederán si no lo consigo
5.Pensar en las cosas buenas que sucederán si lo logro
6.Intentar suprimir los pensamiento que no me ayudan
7.Darme una recompensa por haber avanzado hacia el o.
8.Confiar en mi fuerza de voluntad
9.Dejar constancia de mis progresos: diario, gráfica…
10.Imaginar lo estupenda que será mi vida cuando lo logre.

El anterior cuestionario recoge las técnicas utilizadas por los 5000 participantes en dos estudios llevados a cabo por el profesor Richard Wiseman, que pretendían conseguir objetivos como perder peso, dejar de fumar, conseguir pareja o cambiar de empleo.

El análisis de los resultados desveló, que el 10% de los que consiguieron sus objetivos, emplearon unas técnicas de la lista distintas a los que no los consiguieron.

¿Cuáles de ellas fueron?.

Las impares de la lista, es decir: elaborar un plan detallado, contárselo a sus amigos y familiares, recordar las ventajas asociadas a la consecución de los objetivos, darse una recompensa por conseguir aspectos parciales en sus metas y registrar sus progresos de manera concreta.

En cambio, fantasear o imaginarse mediante técnicas de visualización conseguir los objetivos, aunque nos puede hacer sentir mejor, no nos ayuda a conseguir nuestras metas. El realismo sobre los problemas que se pueden presentar en el camino nos ayuda a predecir los obstáculos que nos podemos encontrar y por tanto a poder evitarlos.


El último aspecto que nos ayudará, puesto que sin él no podremos empezar es no postergar (procrastinar). Parar ello, lo más sencillo es iniciar la actividad con la intención única de estar en ella “unos minutos”. Una vez en ella, verás que se genera poco a poco una necesidad de acabarla. Este efecto, provocado por una ansiedad generada en el cerebro por acabar la actividad tiene nombre, el de su descubridora hace más de 90 años, la psicóloga rusa Bluma Zeigarnik.


sábado, 17 de noviembre de 2012

¿Has encontrado tu piedra filosofal?.



La juventud eterna, el poder de convertir todas las cosas en oro, el conocimiento absoluto del pasado y del futuro, del bien y del mal, todo ello lo podía conseguir quien encontrara la piedra filosofal, que gracias al fenómeno de la transmutación, permitía cambiar la naturaleza de un elemento mediante alteración de sus cualidades.

Pero al parecer nadie la ha encontrado aun, porque como sabéis tal piedra no existe.

Pero sí que existe aunque no sea en sentido literal y la podemos encontrar muy cerca de nosotros. Para ello, solo tenemos que experimentar las emociones positivas (alegría, gratitud, serenidad, esperanza, orgullo, diversión, inspiración, respeto y amor), con mayor frecuencia.

El esfuerzo, merece la pena porque como explica y demuestra Shawn Achor en su libro “La felicidad como ventaja”, http://bit.ly/S59lSq, la felicidad es precursora del éxito y no al revés. El optimismo potencia el rendimiento, y conduce a los mayores logros.

El único motor de la felicidad es el humor positivo en el presente y la visión positiva en el futuro. Y sobre estos parece que tenemos más control del que creíamos, ya que esperar un resultado positivo aumenta la probabilidad de que se dé. Estar abierto a las posibilidades, como ha mostrado en sus trabajos Richard Wiseman (“Nadie nace con suerte”) http://bit.ly/akaAKO, hace que podamos aprovechar mejor las oportunidades y podamos obtener un resultado favorable.

Esta proyección realista de nuestros deseos, que podemos denominar “codificación selectiva” es nuestra piedra filosofal. Pero no hay que confundir esta capacidad entrenable de ser más adaptables, con el optimismo visionario o con fantasear con resultados milagrosos. Si lo hacemos habremos encontrado una piedra fisosofal-sa.

sábado, 3 de noviembre de 2012

¿Quieres que éste sea tu GRAN AÑO?.



A pesar de que hasta ahora casi todo es negativo y no hay muchas pistas de que el próximo año pueda ser mejor que este, estoy convencido de que el año que se acerca puede ser un gran año para ti………si haces lo mismo que los tres personajes de la película EL GRAN AÑO (Steve Martin, Jack Black y Owen Wilson), que cansados de sus obligaciones y responsabilidades, deciden participar en una competición anual cuyo ganador será quién observe más especies de pájaros durante un año en Estados Unidos.

En esta cuasi-democrática lucha, gana Owen Wilson, que es quien se dedica en cuerpo y alma a perseguir pájaros, sacrificando su vida personal (inexistente). El segundo clasificado (Jack Black), a pesar de su talento, no puede ganar puesto que no se ha dedicado en cuerpo y alma a ello. Le distraen su trabajo que odia (necesita ganarse la vida) y su incompleta vida personal-familiar. Algo más rezagado queda el menos necesitado de los tres, que ha conseguido a punto de jubilarse perseguir una vocación de su infancia, tras dedicar su vida a conseguir el éxito en los negocios y una feliz vida familiar que incluye sorprendentemente una mujer que aun le sigue.

Pero al final si quieres triunfar, lo que cuenta es el sacrificio y la dedicación. Disponer de medios también ayuda y si además tienes suerte, estás a un paso de conseguirlo. Todos estos ingredientes quedan lejos de las recomendaciones de los libros de autoayuda que afirman que todos lo podemos conseguir…. Y si no lo hacemos es porque no lo deseamos de verdad…un poco de visualización por aquí, un par de frases matutinas recordándonos lo bueno que somos y en unas semanas empezaremos a notar los efectos del “deseo”. No te engañes, si algo quieres te lo tienes que currar, pero sí que es verdad que no es necesario que realices esa búsqueda solo.

La evaluación de la eficacia de la formación (2): la ruta de largo alcance.


El objetivo de la formación en esta vía, es producir un cambio en el comportamiento del trabajador que afecte a un resultado positivo y que éste tenga un valor económico para su organización. Hablamos de mejorar el rendimiento, actuando sobre los comportamientos. El comportamiento, que como hemos dicho es el objeto de actuación de la intervención, puede modificarse principalmente actuando sobre dos aspectos: 1. sobre lo que ocurre antes de él (antecedente), o 2. Sobre lo que ocurre después de él (consecuencia).

Un antecedente es cualquier persona, lugar, cosa o situación que se presenta antes de un comportamiento y que nos impulsa a ejecutarlo. Ejemplos de antecedentes en la empresa son: los objetivos, las metas, las descripciones del puesto, los procedimientos, los reglamentos, las reuniones, los recursos, el entrenamiento, las instrucciones y órdenes, otras conductas, frases o el pensamiento (por ejemplo lo que nos decimos a nosotros mismos).

Una consecuencia, es cualquier evento que sigue a un comportamiento y que influye en la probabilidad de que éste ocurra en el futuro. Si el antecedente sirve como causa de la conducta que le sigue, la consecuencia sirve para determinar la conducta que le antecede.

La vía de corto alcance, se centra en la formación como un antecedente. En cambio, la vía de largo alcance, incluye también las consecuencias ya que, ¿por qué pensamos que solo dando instrucción se va a cambiar un comportamiento?. El cambio en formación es un proceso de influencia y por tanto un problema de motivación, es decir de refuerzos. El alumno debe terminar estando capacitado pero también debe querer cambiar. La formación por tanto, se configura como algo más que un antecedente de la conducta, considerando tanto las consecuencias como el entorno en el que se produce, ya que aunque una persona esté capacitada para cambiar (puedo) y quiera, si no tiene los medios adecuados para hacerlo no iniciará acción alguna.

La formación eficaz, es aquella que impacta en comportamientos que se utilizan posteriormente en el puesto de trabajo. No se queda solo en comprobar la consecución de los objetivos de aprendizaje, sino que va más allá del aula, llegando hasta el puesto de trabajo.

Bajo esta perspectiva, lo importante no es solo lo que lo que se ha aprendido, sino lo que se hace con lo que se ha aprendido y por supuesto, el valor económico de este aprendizaje. Si no se hace nada con lo aprendido, diremos que la formación no ha sido eficaz y por tanto que lo que se ha invertido no ha servido.

En este ámbito, hablaríamos de un cuarto cambio, denominado también de aprendizaje aplicado, aunque a diferencia del tercer cambio al que nos referíamos más arriba, éste debe operar ya fuera del aula (entorno de aprendizaje). Se refiere por tanto, al rendimiento entendido como el comportamiento objeto de entrenamiento aplicado en el puesto de trabajo. En realidad el aprendizaje aplicado y el rendimiento son lo mismo. La diferencia, es que el primero se produce dentro del “aula” y el segundo fuera. En sentido amplio, necesitamos formular objetivos de rendimiento, que nos permitan evidenciar si ha habido o no un cambio de comportamiento tras la acción formativa.

Según este planteamiento, la gestión de la formación, debe ir íntimamente ligada a la gestión del desempeño, enfoque sistemático y orientado al manejo de datos, mediante el cual se pretende mejorar el rendimiento de los empleados, utilizando principios basados en las ciencias de la conducta. Sistemático, significa que se deben especificar los comportamientos, los resultados involucrados y los métodos que pueden utilizarse para modificar el desempeño de los empleados. Se trata de un tipo de intervención psicológica en la empresa, que utiliza el análisis funcional de la conducta para modificar comportamientos.

El cambio en el rendimiento, ya no es solo objeto de control por parte de la formación, sino de la tecnología del rendimiento, que incluye todas las intervenciones posibles encaminadas a reducir o eliminar déficits de rendimiento.

Sin embargo, la mayor complejidad que plantea esta segunda vía, tiene que ver con la manera de comprobar el impacto real de la formación, es decir el grado de mejora en el rendimiento en el puesto de trabajo. Si se hace algo con lo aprendido, la cuestión es: ¿Cuánto y cómo afecta al trabajo y a la organización utilizar ese nuevo aprendizaje?. Si conseguimos cuantificar esto, estaremos en condiciones de afirmar que sí ha habido una auténtica transferencia de la formación y por tanto que ha sido eficaz hasta sus últimas consecuencias.

La única manera de cuantificar esta mejora, es diseñando una intervención en la que se identifiquen y controlen las variables que pueden afectar al rendimiento al margen de la formación, se realicen mediciones antes (línea base) y después de la formación y se utilice un grupo de control que no reciba la formación. Si conseguimos medir esta mejora, podríamos no solo calcular ecuaciones de predicción del aprendizaje sobre un determinado comportamiento, sino también llegar a explicarlo, formulando modelos que nos indiquen qué variable facilita la mayor o menor aplicación de un comportamiento (Modelo = f (x) + error).

Para poder determinar cual de las variables independientes están actuando en esa situación y como, habrá que partir de los resultados, y determinar indicadores de rendimiento, tanto duros (cantidad, costes, tiempo…), como blandos (clima, satisfacción, calidad, reducción de errores…). Tenemos que cambiar el enfoque y su dirección. No ir desde la satisfacción y aprendizaje a los resultados, sino al revés. Hemos de partir de los resultados y circular en sentido inverso. Hay que encontrar la conexión entre un determinado comportamiento y los resultados. Para ello no podemos partir del comportamiento sino del resultado. Con los enfoques de niveles, no podemos demostrar si existe alguna conexión entre a aplicación de un comportamiento y su valor económico. Es muy difícil hacerlo así. Es un problema de dirección de la causalidad “comportamiento-resultado”. No podemos evidenciar que un determinado aprendizaje produzca una aplicación. Son dos fenómenos diferentes. El primero es de carácter cognitivo, el segundo comportamental. Hay que comenzar por el criterio, que es la variable dependiente, es el rendimiento que queremos mejorar y a  partir de ahí derivar comportamientos o cogniciones asociados (variables independientes) a esos resultados. Esos resultados conectados con los comportamientos de alto impacto que lo determinan (antecedentes), son lo que quiero conseguir. Ese comportamiento, se transforma en un objetivo de aprendizaje al que se le asocian conocimientos y habilidades.

El concepto de competencia como asociación comportamiento/resultado, puede servir en este modelo como vínculo de integración conductual de los conocimientos aplicados al puesto de trabajo. La formación eficaz, es la que genera o desarrolla competencias. ¿Cómo se pasa del aprendizaje a la aplicación?, mediante la competencia. Entendida ésta, como el conjunto de comportamientos que caracterizan el desempeño eficaz en un puesto, representa la integración de los niveles de aprendizaje interno, en su grado más avanzado.

Y por último, ¿qué pasa con los resultados económicos?, ¿Cuánto vale en dinero la mejora producida mediante la formación en el desempeño en su puesto de trabajo?.  Este valor económico, se deriva del resultado conseguido, constituyendo una variable dependiente cuyos valores hay que calcular como cualquier otra variable de cualquier diseño. Una vez conocida la conexión entre un comportamiento y un resultado, calcular el importe económico es fácil. El nivel 4 es una consecuencia automática de los procesos de formación, el 5 ni siquiera es una consecuencia del mismo, es una operación independiente. Lo difícil, no es medirlos, sino demostrar que tienen algo que ver con lo que se supone que han aprendido y están aplicando. Para su cálculo, se podrán desarrollar fórmulas que tengan en cuenta entre otros: el valor del objetivo de rendimiento al 100%, su frecuencia de utilización para el puesto antes y después del curso, el porcentaje de mejora conseguida o incluso el análisis de la utilidad. Se trataría de transformar esa mejora en un valor económico.