miércoles, 7 de mayo de 2014

EL ENCAJE DEL TALENTO

La gestión del talento en las organizaciones en un proceso complejo en el que se debe tener en cuenta:

1. Que hacer con las personas en mi organización: atraer, mantener o desarrollar.
2. A qué colectivo pertenecen esas personas: base, mandos o directivos y
3. Cual es el nivel de análisis de los procesos de gestión que debo realizar: individual, grupal u organizacional.

La combinación de estas dimensiones nos proporciona un modelo que nos hace ver la complejidad y al mismo tiempo la necesidad de ajustar los programas a las necesidades organizacionales y a las de nuestros clientes: las personas.

Las diferentes combinaciones de estas dimensiones, pueden originar resultados que fluyan en donde todos los colores coincidan en sus caras respectivas o pueden originar soluciones incompletas que al menos en apariencia representan el caos. Conseguir el encaje de todas ellas, se convierte en un reto similar a terminar el cubo de Rubik en un tiempo cada vez menor.


domingo, 30 de marzo de 2014

La motivación en el trabajo (3)


Las personas más felices y más exitosas, son aquellas que siguen sus sueños y aplican sus cualidades en una organización, de forma que sus  sueños y cualidades puedan desarrollarse.

Para conseguir un estado de rendimiento óptimo (flow)  hay una serie de recomendaciones:

1. Aprender a cooperar y trabajar en equipo. Los trabajadores más exitosos y completos son aquellos que recuerdan que no están solos en su trabajo ni en su vida. Toda la gente tiene sueños, objetivos y deseos en su carrera y su vida. Las personas que saben trabajar con otros, les preguntan a los demás como piensan y como se sienten. Ayudan a los demás a progresar y se ayudan así a ellos mismos.

 2. Aprender a comunicarse con los compañeros. Hay que saber hacerse entender (tanto personalmente como por escrito). Hay que aprender a escuchar. La habilidad para comunicarse, es seguramente el mejor pronóstico de éxito en cualquier campo.

 3. No hay que dejar de crecer continuamente en el trabajo. Hay que seguir aprendiendo de forma permanente. La gente exitosa, no está satisfecha de sí misma, está interesada en ampliar su experiencia y progresar en nuevas áreas y siempre trar de expandir su esfera de competencia y responsabilidad, porque tiene una curiosidad sincera y un deseo de explorar más allá de su terreno habitual. Toman clases, asisten a seminarios, leen mucho, hacen preguntas y no dudan en probar nuevas habilidades.

 4. Disfrutar del trabajo dentro y fuera de él.  La gente de éxito dice: “el trabajo me gusta, es divertido”. Las personas se pueden realizar y estar orgullosas con su trabajo. Sin embargo, el trabajo, no es solo algo que nos gratifica profesionalmente sino que nos entretiene. Por ello, no hay que estar obsesionado por el trabajo, no hay que ser un adicto al trabajo, porque hay que atender y disfrutar con los demás aspectos de la vida. Hay que recargar las baterias para llegar al trabajo renovado, hay que disfrutar tambien con la familia, con los amigos y con uno mismo y

 5. Buscar nuevas maneras de hacer las cosas. Cualquier tipo de trabajo, plantea desafios. Todos podemos expresar nuestra creatividad en el puesto de trabajo. Nuestro trabajo, se desarrolla con nosotros mismos, lleva algo de nosotros, de nuestras ideas y modo de hacer las cosas. Podemos dejar nuestra huella en él.

Las personas que disfrutan de su trabajo, sienten que son utiles y responsables de producir cambios en la empresa y en la sociedad.

domingo, 2 de marzo de 2014

La motivación en el trabajo, de nuevo (2).


Un segundo aspecto, a considerar, viene definido por las características de las situaciones que nos atraen. A. C. Daniels (1993) al comparar el trabajo con el deporte, establece porqué un deporte como el juego de bolos (o el futbol), puede ser tan gratificante para las personas:

Están definidas las responsabilidades específicas de cada uno de los jugadores.

Se práctica el Trabajo en Equipo: los miembros del equipo se ayudan entre sí.

Se proporcionan resultados medibles (el marcador de la partida está presente en cada momento).

Existen metas retadoras pero alcanzables. Aunque la meta sea ganar el partido, existen metas intermedias, como meter un gol.

Hay una retroalimentación inmediata. Se puede ver cual es el desempeño de cada jugador en cada momento, su posición y qué dirección debe seguir para mejorar.

Los jugadores reciben refuerzos positivos por parte de los compañeros, de los aficionados y de los entrenadores. Se aplaude, se felicita y se celebran de muchas maneras. ¿Es este el aspecto más ausente den le trabajo?.

Se enfatiza sobre el comportamiento. No solo se refuerza el resultado, sino el comportamiento que conduce al resultado (una buena jugada...).

En el trabajo, pasamos más de la tercera parte de nuestra vida. Si no estamos satisfechos con lo que hacemos, estamos deteriorando nuestra calidad de vida, nos sentimos irritados, resentidos y frustrados. El sentimiento de dar algo de uno mismo sin recibir algo equivalente a cambio, consume nuestra energía, socava nuestras motivaciones y nos empequeñece.

En cambio, un trabajo con el que disfrutamos, compromete nuestras pasiones además de nuestras habilidades personales. Quien es feliz en el trabajo y disfruta de él, tiene más probabilidades de ser feliz fuera del trabajo y de amar la vida en su totalidad.

Pero, ¿Es posible disfrutar con nuestro trabajo?.

domingo, 2 de febrero de 2014

La motivación en el trabajo, de nuevo (1).





¿Cómo es posible, que las personas, podamos pasar horas enteras dedicadas a actividades  como tomar copas, hablar con los amigos, practicar deportes o simplemente no hacer nada y en cambio sintamos un rechazo tal al trabajo, que preferiríamos que los lunes no existieran?. En apariencia, puede ser difícil de entender, que actividades como las del primer tipo, que nos desgastan, y agotan y por las que no recibimos ninguna cantidad de dinero por realizarlas, sena deseadas por nosotros frente a las actividades del segundo tipo, que si nos proporcionan dinero. ¿Es tan malo realizar nuestro trabajo, que nos tienen que pagar por realizarlo?. ¿Qué es lo que diferencia a ambos tipos de actividad de modo que odiemos hacer una de ellas y deseemos hacer la otra?. ¿Se puede hacer algo para que las personas desean estar trabajando?.

Los gerentes se plantean muy a menudo como conseguir que las personas se implique más en el trabajo sin tener que pagar más dinero y sin proporcionar ascensos. Los empleados por su parte, cuando son preguntados suelen indicar como deseos y metas profesionales ganar más dinero o promocionarse. Existen entonce un choque de intereses entre lo que piensan los gerentes y lo que piensan los trabajadores. 

¿Qué se puede hacer desde recursos humanos para solucionar este problema?.

Este tipo de cuestiones, nos conduce a plantearnos un tema clásico en el campo de la Psicología de las Organizaciones: La motivación. ¿Por qué trabaja la gente?. Sin revisar los diferentes enfoques que han intentado explicar qué es lo que mueve a las personas, en este artículo, vamos a presentar en forma de modelo un resumen de las principales variables que determinan nuestra actuación en el puesto de trabajo.

Un primer aspecto que nos puede conducir a la solución, es aceptar como principio, que el dinero no es lo que mueve al ser humano. Si fuera así, pasaríamos más tiempo trabajando para conseguir más dinero, en lugar de estar con los amigos jugando una partida de domino por ejemplo.

Continuará.........

lunes, 9 de septiembre de 2013

El éxito cocinado a fuego lento.



“Todo estriba en pensar a largo plazo”, dijo en 1997 Jeff Bezos, fundador de Amazon, la tienda online más grande del mundo. 16 años después, convertido en la persona nº 19 más rica del mundo, según la revista Forbes (25.200 millones de dólares), sigue siendo un empresario de apuestas arriesgadas (como crear colonias en el espacio) preocupado más por los resultados a largo plazo que por las pérdidas de sus inversiones iniciales.

Pero no ha sido el único.

Bill Gates, en los primeros días de Microsoft (“…no había nada a corto plazo. Siempre pensamos en términos de décadas,  y no había lugar para atajos, simplemente poníamos un pie delante de otro”), Ray Troc (Mc Donalds), Howard Schultz  (Starbucks), Toyota, General Electric…. Son tambien ejemplo de logros conseguidos poco a poco, donde lo grande empieza siendo pequeño, y donde la persistencia y la experimentación, se convierte en una tabla de gimnasia mental que se realiza día a día, sin preocuparse en exceso de los resultados inmediatos.

Aunque esta manera de cocinar el éxito a fuego lento vaya en contra de la inmediatez de nuestros recién conocidos amigos tecnológicos (emails, Facebook, twitter….), su eficacia viene avalada por trabajos serios como el de la London Business School que analizando 51 estudios en 2009, averiguaron que los incentivos a corto plazo dañan el rendimiento a largo plazo de la empresas. Las empresas cuyo objetivo es el beneficio a corto plazo raras veces alcanzan la excelencia y casualmente invierten menos en investigación.

Si nuestro horizonte es a varios años, competiremos con muchos menos que si es a corto plazo, porque muy pocos están dispuestos a invertir a medio plazo y a esperar a ver que ocurre.

Para poder cocinar de esta manera, proporcionaré solo tres ingredientes, que sintetizan la acción comedida, planificada e integrada en el continuo espacio-tiempo y que combinados en la dosis y momento oportunos, nos pueden proporcionar un plato exquisito, en un viaje en el tiempo que utilizando la máquina de H. G Wells, utiliza los principios de la psicología del tiempo de Zimbardo.  En este recorrido, la cocción reflexiva de la materia prima de calidad (nuestros principios, valores, pensamientos, emociones y acciones), nos permitirá equilibrar el pasado (mediante recuerdos positivos), con el presente (aprovechando el poder de la atención plena), y el futuro (imperfecto de nuestras expectativas autorreguladas):

1. Que el objetivo a corto plazo no sea más importante que el objetivo a largo plazo. Planifica con visión, pero con acción. No esperes a ver lo que te pasa, pasa a hacer lo que quieres que ocurra. Experimenta, prueba, pregunta, mide, regula y mejora. El ADN de la innovación empieza por estos planteamientos. Deja que pase el momento de dejar las cosas para después “procrastytime”. Recuerda que cuanto más tiempo tenemos más lo desperdiciamos. Las limitaciones tienen  mucho más poder en la autodeterminación debil, víctima de la “ansiertividad”, nuestro temor a decir lo que pensamos y a no someternos.

2. No olvidemos la dimensión espacial, el contexto donde tienen lugar las cosas que tanto nos influyen. En este sentido hemos de ser capaces de diferenciar cuando los que nos ocurre se debe al azar o a nuestra habilidad. Para ello, es importante analizar las causas de los que nos pasa (el libro de M. Mauboussin “ La ecuación del éxito”, lo deja bien claro), aunque seamos reacios al razonamiento matemático, deficiencia que a tantos errores de apreciación nos conduce, prestemos atención al momento en que hemos de entregar nuestros recursos en una nueva forma de pensamiento oportuno, “Skilluckiness”, el uso de la habilidad en el momento oportuno, de manera que parezca que es fruto de la suerte. Ello nos conducirá a tomar mejores decisiones.

3. Ve despacio, analiza, reflexiona. Utiliza el pensamiento lento, el sistema 2 que el premio Nobel Kahneman, describe con empírica contundencia en su libro “Pensar rápido, pensar lento”, y que C. Honoré, defiende como representante del movimiento “slow” (recomendable su libro “La lentitud como método”). Pasa de lo automático a lo dirigido. Y no temas empezar por lo pequeño, que produce grandes efectos. No tengas prisa. Charles Darwin, escribió El origen de las especies a los 50 años; Kant, escribió La crítica de la razón pura a los 57 años; Nelson Mandela fue presidente de Sudáfrica a los 85 años; Benjamin Franklin, colaboró en la redacción de la Declaración de la independencia a los 70 años; J. R. R. Tolkien, escribió el primer libro de la trilogía del señor de los anillos a los 62 años; Goethe escribió Fausto (que inspira a escritores como Dan Brown), a los 82 años; Linus Pauling (que consiguió no uno sino 2 premios Nobel), publicó más artículos científicos de los 70 a los 90 años que de los 50 a los 70; Louis Armstrong, conocido por su canción “What a wonderful world”, la compuso a los 66 años (hay muchos ejemplos más en el excelente libro de de Tom Butler-Bowdon, “Nunca es demasiado tarde”). Parece por tanto, que tenemos mucho talento aun pendiente de desplegar. ¿Por qué entonces las empresas siguen prejubilando con 50 y pocos años?.

Con la visión positiva pasa algo parecido. El optimismo a corto plazo no sirve. El bueno es el optimismo a largo plazo. Como muestra la que hemos tenido con las olimpiadas 2020 asignadas a Tokio a pesar de la radiactividad. Antes de la votación, la euforia viral propagada por los medios hizo creer que ya eran nuestras. Pero tras el batacazo, nos hundimos. Pero ese no es el optimismo bueno. Los optimistas auténticos se sobreponen como los campeones y siguen luchando para conseguir lo que desean a largo plazo. Es un optimismo como el que destila Jeff Bezos que aunque siempre ha querido ganar mucho dinero, lo ha hecho para querer mejorar el mundo.



martes, 19 de marzo de 2013

¿Ganamos más dinero porque estamos satisfechos con nuestro trabajo o estamos más satisfechos porque ganamos más dinero?.



En un estudio longitudinal en el que participó el auto de este blog, se analizaron las relaciones entre diferentes predictores, como la inteligencia emocional y factores de personalidad e indicadores del éxito en la carrera profesional como el salario y la satisfacción con la carrera.

El análisis realizado de las relaciones entre las variables, para una muestra final de más de 100 egresados universitarios, para el que se utilizaron modelos de ecuaciones estructurales (SEM), mostró que el salario influye en la satisfacción con la carrera profesional y no al revés.

Si estos resultados se replican en otros estudios similares, habrá que replantearse algunos de los conceptos que tenemos asumidos sobre la motivación en las organizaciones, pero mientras esperamos conviene que nos preguntemos por qué trabajamos y cual es nuestro nivel de satisfacción. La respuesta puede que nos acerque a la compresión de este complicado problema.

martes, 12 de febrero de 2013

¿Son los líderes más inteligentes?.




La relación entre inteligencia y liderazgo es más baja de lo que creemos.

Un reciente estudio meta-analítico (Judge et al., 2002), reveló que la extraversión y la responsabilidad tenían mayor relación con el liderazgo que la inteligencia, lo que sugiere que seleccionar lideres ateniendose a las características de personalidad es mejor que si lo hacemos por su inteligencia.

Sin embargo, el nivel de estrés del líder modera la relación del liderazgo con la inteligencia.

En situaciones de tensión (Fiedler & Link, 1991), la relación entre la inteligencia y el liderazgo es alta pero solo cuando el estrés es bajo. Es por tanto más importante seleccionar y colocar a lideres inteligentes en puestos en donde el nivel de estrés es bajo. En esos casos, la validez de la inteligencia puede ser sustancial (Judge, Colber & Ilies, 2004).

El psicólogo norteamericano Robert Sternberg autor de la inteligencia exitosa (2007), piensa que el liderazgo efectivo, es una mezcla de sabiduría, creatividad e inteligencia. Uno, necesita creatividad para generar ideas, inteligencia analítica para evaluar si son buenas e inteligencia práctica para implementarlas y persuadir a otros de su valor.

¿En donde cree que necesita mejorar para obtener el éxito como líder?.